jueves, 8 de octubre de 2015

De buses y otras yerbas... el típico paseo sobre un ómnibus montevideano.

Otro típico fin de jornada. Siete de la tarde, bus lleno y… ¡mala suerte!, ¡Olvidé mis auriculares! Y cuando una no tiene otra cosa mejor que hacer, nada más entretenido que escuchar conversación ajena mientras se siente de fondo aquella característica cumbia omnibusera.
Sentada en medio de un asiento de tres, de esos que por lo general tratamos de evitar y solo después de un largo día de idas y venidas decidimos tomar, me preparé para aquel sinuoso viaje de regreso a casa. A mi derecha, la señora que saca su teléfono de botones, que aunque no uno de aquellos “ladrillos”, se le acerca bastante. Después de pensar, apretar, borrar, rezongar y volver a apretar botones, logró su ansiado llamado:

- Hola, ¿La Gloria habla?  Sara… Noooo, toy en el ónibus todavía. Recién termine’e laburar. Ah, si te cuento!  La Yane me va a volver loca a mi. Que va a dar bola, esta gurisa me salió rebelde, mirá. L’erré como a las peras con esta gurisa, unas buenas palizas le hacían falta… pero bue… es lo que hay, valor….   Y lo peor que el padre que no dice nada y le hace el gusto

Inmersa en su conversación, descargando sus quejas, siguió la señora totalmente ajena a su entorno. Entretanto, a mi izquierda sonaba un teléfono que al parecer se escondía de la mano de su dueña, en esos bolsos que más parecen valijas de viaje que bolsos de mano. Finalmente y a punto de un ataque de nervios, la joven, que casi pierde la mitad de sus libros en el intento, logra alcanzar el preciado móvil y responde:

- Que hacés, boludaaaa?!?! me quiero matar, no sabés todo lo que me pasó hoy. Tipo, hoy fue el seminario de marketing, ese que te conté, te acordás? Salado!! Estuvo re-bueno boluda. Tipo, cuando empezó el loco se presentó todo re- formal y eso, y después empezó con una onda bárbara, tipo, re-de más. Tipo, olvidate, que el mes que viene me anoto de nuevo. Estuvo re-salado, loca! Aparte, me gane la inscripción en un concurso que organizó el profe en la clase para los que entregaran el mejor trabajo, y, obvio, quién pudo ser la mejor? Tipo, yo, boluda. Estuvo re-de más! y encima, no tuve que pagarlo …

Deseando no haber olvidado mis preciados auriculares que mágicamente me enajenan de todo este mundo, finalmente llego a mi parada. ¡Por fin!, un poco pensé y grité.
Permiso, ¡permisooo!

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