domingo, 22 de marzo de 2026

Paciencia


Espera… ten paciencia… confía. La paciencia es un don que no es dado a todos, tan difícil como la honestidad y la lealtad para encontrar. Tan difícil de poner en práctica. Dios nos pide que esperemos en Él, pero sus tiempos no son los nuestros. La ansiedad, el desaliento, el desánimo siempre ganan la carrera, una carrera injusta. Vivimos tiempos en donde la velocidad es esencial y el poder de la espera paciente se fue perdiendo hasta casi desaparecer. La inmediatez y el ahora están a la órden del día, y cuando toca esperar parece que el tiempo es eterno aunque sean minutos.


Una vez alguien me dijo que pedir a Dios por paciencia es como pedir más oportunidades de cultivarla y en definitiva estaría entonces pidiendo por más demoras y contratiempos. Dejé de pedir, hasta que finalmente se agotó. 


No sé si será el correr de los años, el peso de la edad o simplemente el devenir de eventos inevitables, pero llegó un día en que la persona que me miraba desde el otro lado del espejo ya no es la misma, y apenas si me reconocía en ella. Vi a alguien que se rindió,que bajó los brazos, que dejó de pedir, sintiendo que ya no había quién escuchara. 

Ahora entiendo que la paciencia y la perseverancia van de la mano y están unidas por la confianza, la confianza en que Dios puede hacer lo que es imposible para nosotros. Él sabe lo que es mejor. Pero muchas más veces de lo que pensamos, la impaciencia hace que veamos aquello que queremos ver, y entonces pensamos que la respuesta esperada finalmente llegó y en esa ansiedad tomamos el control de cosas que habíamos dejado en sus manos ignorantes de lo que Dios tiene para decirnos. Tapamos los oídos, enfocándonos solamente en lo que pensamos que es lo que queremos y necesitamos, sin darnos cuenta que nos estamos autoconvenciendo de que hacemos lo correcto. Una vez más ganó la impaciencia y perdió la confianza y la fe.


Si tan solo pudiera volver el tiempo. Pero lamentar el pasado no me lleva al futuro, solo destruye mi presente. Dios me creó con propósito. Dios me creó fuerte. Dios me creó valiente. 


Hoy vuelvo a pedir, agradeciendo lo vivido porque de ello aprendí que la paciencia en la espera es la que fortalece mi fe. Un día le prometí a Dios que jamás me apartaría de su lado y hoy, sin duda, refuerzo esa promesa sabiendo que Él siempre estuvo a mi lado y aún cuando yo dejé de confiar, Él no se apartó, sino que fue Él quien me esperó paciente a que volviera.

Espera, ten paciencia y confía, porque Dios siempre cumple sus promesas, siempre estará a tu lado para sostenerte, consolarte y darte las fuerzas necesarias para seguir adelante.

Quizá mi oración haya cambiado, las circunstancias ya no pueden ser las mismas, pero, como si el tiempo me hubiese dado otra oportunidad, vuelvo para decirme: Ten fé, Espera en Dios y Dios hará!




To the ones that came before me

 To the ones that came before me (a homage to my parents)


To the ones that came before me

To the ones that gave me breath

To the ones that came a long way

To call somewhere their home


A climb against the sea

The path more dark than bright

A way opened by faith

to the land that saw them free


Rising hands in broken sound

the silent clasp of unseen wings


It was a long haul

It was a hard fought

they made it through all

we tie the knot


Build a house we call it home

working hard, knees on the floor

I saw them pray and so I learned

that blessings come, the Lord is good


Thank my God; and mom and dad

for that great joy of growing up

in that old house, we call it home

old and all, but full of love


The tempest raged yet homeward bound 

against the wind still they sing


It was a long haul

It was a hard fought

they made it through all

we tie the knot


In our hearts their roots sprang deep

the legacy they forge in free

our sons and daughters and all to see

that faith and love turns chalk to steel


It was a long haul

It was a hard fought

they made it through all

we tie the knot


Rising hands in broken sound

the silent clasp of unseen wings

The tempest raged yet homeward bound 

against the wind still they sing





El sillón de la abuela

 El sillón de la abuela 


Recuerdo aquel humilde edificio, dos plantas, amplios pasillos, pequeños departamentos. Frente a la puerta entreabierta del departamento de abajo, siempre leyendo de un pequeño libro negro, se veía a la abuela meditando, sentada en su viejo sillón. Nadie más que ella, podía sentarse en aquel sillón, para los niños un misterio que no podíamos descifrar. 


Al bajar corriendo aquellas amplias escaleras que llevaban directo a su puerta, ella estaba allí.  A la hora de ir a la escuela, a la hora de salir a jugar, a la hora de volver a almorzar, la abuela siempre estaba allí, siempre sentada en su viejo sillón. 


Su rostro sonreía al vernos pasar, aunque fuera un segundo, como si de alguna forma le recordaremos que  valió la pena la siembra. El largo camino recorrido hasta la tierra de libertad había dado frutos. El sufrimiento y el dolor del camino trazado, por fin estallaba en las risas de aquellos niños que como relámpagos pasaban por su puerta siempre entreabierta. 


De vez en cuando, frenaba la estampida el grito silencioso de aquella voz cansada por los años, que sin dudar, alcanzaba para detener nuestro paso. Con una mezcla de miedo y de respeto abríamos esa puerta siempre expectante, para entrar a un mundo de historias sorprendentes. Sentados a su alrededor como al calor del fogón, desde su sillón iluminado con los frágiles rayos de sol del atardecer que se colaban por las gruesas cortinas tejidas a mano, nos veía con su siempre nostálgica sonrisa; abría el pequeño libro nego y nos comenzaba a enseñar de su travesía y sus historias.


Entre sus manos temblorosas, sostenía con firmeza aquel pequeño libro, ese libro que guardaba con tanto recelo, y estaba lleno de aventuras y emocionantes historias. De amor, de guerras, de aventuras, de poderosos milagros. Escrito en letras extrañas que para nosotros eran parte del misterio, ella nos leía y enseñaba en el idioma de sus padres. Entre armenio y español aprendimos de la fe que mantuvo con vida a los abuelos, del camino que con dureza transitaron, del amor divino que liberó al pueblo que nos dió nombre y la generosidad de otro que con brazos abiertos los recibió.

 

Desde su sillón siempre leyendo, desde su sillón, siempre observando, desde su sillón siempre sonriendo, entendimos que sin importar lo que la vida traiga hay una fe más fuerte que nos levanta. No los detuvo la guerra, el hambre o el dolor, atesoraron en cambio la vida, su fe y sus tradiciones, apostando a un futuro de esperanza.


Ya no conservo aquel libro negro del que ella me enseñó, ni aquel viejo sillón, obra y arte del abuelo, que el tiempo se llevó, pero tengo el propio que  desde entonces me acompañó. Hoy soy yo quien cuenta sus historias y me enorgullezco de ser nieta de aquella generación de héroes que dejando raíces, hogar y sentimientos, se dieron a lo desconocido perseguidos por la opresión y crueldad, trayendo sus recuerdos, su historia y su fe a este, mi país, que me vio nacer; donde crecimos libres para gritar, correr y crecer; para hablar y cantar de nuestra fe. Para contar a nuestros hijos y nuestros nietos, como ella lo hacía una vez, aquellas épicas historias de amor y de fé, que no dejaré olvidar. 

Un día también yo seré esa abuela que cuente sus historias desde mi propio, viejo sillón.





La almohada de mamá

 La almohada de mamá 

Como si fuera ayer recuerdo

El dulce aroma de su pelo 

Que  cada noche yo peinaba 

Antes de irme a acostar


A manzanas, a vainilla, a dulce flor

El aroma del amor y la paciencia

El cuento del dulce sueño hasta dormir

Su cabeza recostada junto a mi


Una almohada que de su aroma se impregnó

El rimel de sus ojos cansados pintó

El perfume que hasta hoy puedo sentir 

Al despertar cada mañana en mi jardín


Y al ver al cielo su aroma vuelve a inundar

Los recuerdos de aquella niña que ayer, 

Segura y protegida se sintió

Recostada en la almohada de mamá



El níspero de mi jardín


El níspero de mi jardín 

Plantado con amor y con esmero

¿Cuántas generaciones vio nacer?


Bajo el arco de sus gruesas ramas

Su abundante fruto protegió

Con su sombra ¿a cuantos niños cobijó?


Cada oroño se desprende de sus hojas

Que cubren como alfombra el suelo del jardín

¿Cuántas temporadas su follaje adornó?


Fuerte se erige, sus ramas sosteniendo

las acaricia el viento, el vendaval

Y aún así…

¿cuántas temporadas más

su dulce fruto en abundancia nos dará?