domingo, 22 de marzo de 2026

To the ones that came before me

 To the ones that came before me (a homage to my parents)


To the ones that came before me

To the ones that gave me breath

To the ones that came a long way

To call somewhere their home


A climb against the sea

The path more dark than bright

A way opened by faith

to the land that saw them free


Rising hands in broken sound

the silent clasp of unseen wings


It was a long haul

It was a hard fought

they made it through all

we tie the knot


Build a house we call it home

working hard, knees on the floor

I saw them pray and so I learned

that blessings come, the Lord is good


Thank my God; and mom and dad

for that great joy of growing up

in that old house, we call it home

old and all, but full of love


The tempest raged yet homeward bound 

against the wind still they sing


It was a long haul

It was a hard fought

they made it through all

we tie the knot


In our hearts their roots sprang deep

the legacy they forge in free

our sons and daughters and all to see

that faith and love turns chalk to steel


It was a long haul

It was a hard fought

they made it through all

we tie the knot


Rising hands in broken sound

the silent clasp of unseen wings

The tempest raged yet homeward bound 

against the wind still they sing





El sillón de la abuela

 El sillón de la abuela 


Recuerdo aquel humilde edificio, dos plantas, amplios pasillos, pequeños departamentos. Frente a la puerta entreabierta del departamento de abajo, siempre leyendo de un pequeño libro negro, se veía a la abuela meditando, sentada en su viejo sillón. Nadie más que ella, podía sentarse en aquel sillón, para los niños un misterio que no podíamos descifrar. 


Al bajar corriendo aquellas amplias escaleras que llevaban directo a su puerta, ella estaba allí.  A la hora de ir a la escuela, a la hora de salir a jugar, a la hora de volver a almorzar, la abuela siempre estaba allí, siempre sentada en su viejo sillón. 


Su rostro sonreía al vernos pasar, aunque fuera un segundo, como si de alguna forma le recordaremos que  valió la pena la siembra. El largo camino recorrido hasta la tierra de libertad había dado frutos. El sufrimiento y el dolor del camino trazado, por fin estallaba en las risas de aquellos niños que como relámpagos pasaban por su puerta siempre entreabierta. 


De vez en cuando, frenaba la estampida el grito silencioso de aquella voz cansada por los años, que sin dudar, alcanzaba para detener nuestro paso. Con una mezcla de miedo y de respeto abríamos esa puerta siempre expectante, para entrar a un mundo de historias sorprendentes. Sentados a su alrededor como al calor del fogón, desde su sillón iluminado con los frágiles rayos de sol del atardecer que se colaban por las gruesas cortinas tejidas a mano, nos veía con su siempre nostálgica sonrisa; abría el pequeño libro nego y nos comenzaba a enseñar de su travesía y sus historias.


Entre sus manos temblorosas, sostenía con firmeza aquel pequeño libro, ese libro que guardaba con tanto recelo, y estaba lleno de aventuras y emocionantes historias. De amor, de guerras, de aventuras, de poderosos milagros. Escrito en letras extrañas que para nosotros eran parte del misterio, ella nos leía y enseñaba en el idioma de sus padres. Entre armenio y español aprendimos de la fe que mantuvo con vida a los abuelos, del camino que con dureza transitaron, del amor divino que liberó al pueblo que nos dió nombre y la generosidad de otro que con brazos abiertos los recibió.

 

Desde su sillón siempre leyendo, desde su sillón, siempre observando, desde su sillón siempre sonriendo, entendimos que sin importar lo que la vida traiga hay una fe más fuerte que nos levanta. No los detuvo la guerra, el hambre o el dolor, atesoraron en cambio la vida, su fe y sus tradiciones, apostando a un futuro de esperanza.


Ya no conservo aquel libro negro del que ella me enseñó, ni aquel viejo sillón, obra y arte del abuelo, que el tiempo se llevó, pero tengo el propio que  desde entonces me acompañó. Hoy soy yo quien cuenta sus historias y me enorgullezco de ser nieta de aquella generación de héroes que dejando raíces, hogar y sentimientos, se dieron a lo desconocido perseguidos por la opresión y crueldad, trayendo sus recuerdos, su historia y su fe a este, mi país, que me vio nacer; donde crecimos libres para gritar, correr y crecer; para hablar y cantar de nuestra fe. Para contar a nuestros hijos y nuestros nietos, como ella lo hacía una vez, aquellas épicas historias de amor y de fé, que no dejaré olvidar. 

Un día también yo seré esa abuela que cuente sus historias desde mi propio, viejo sillón.





La almohada de mamá

 La almohada de mamá 

Como si fuera ayer recuerdo

El dulce aroma de su pelo 

Que  cada noche yo peinaba 

Antes de irme a acostar


A manzanas, a vainilla, a dulce flor

El aroma del amor y la paciencia

El cuento del dulce sueño hasta dormir

Su cabeza recostada junto a mi


Una almohada que de su aroma se impregnó

El rimel de sus ojos cansados pintó

El perfume que hasta hoy puedo sentir 

Al despertar cada mañana en mi jardín


Y al ver al cielo su aroma vuelve a inundar

Los recuerdos de aquella niña que ayer, 

Segura y protegida se sintió

Recostada en la almohada de mamá



El níspero de mi jardín


El níspero de mi jardín 

Plantado con amor y con esmero

¿Cuántas generaciones vio nacer?


Bajo el arco de sus gruesas ramas

Su abundante fruto protegió

Con su sombra ¿a cuantos niños cobijó?


Cada oroño se desprende de sus hojas

Que cubren como alfombra el suelo del jardín

¿Cuántas temporadas su follaje adornó?


Fuerte se erige, sus ramas sosteniendo

las acaricia el viento, el vendaval

Y aún así…

¿cuántas temporadas más

su dulce fruto en abundancia nos dará?




sábado, 10 de junio de 2023

El perdón

 

Se creía justo cual ninguno. Orgulloso caminaba sus caminos, al prójimo juzgando con altivez. Miró al cielo y su culpa lo cegó. En oración ferviente rogó su vista recuperar. 

Aprendió que Dios, cuál hombre no existió, es pronto a perdonar. Su pecado confesó, su vista recobró y a sus semejantes aquel perdón devolvió.

Una vez más sobre sus pies, el camino retomó. Sin el peso de las piedras que le detenían, la angustia, orgullo y altivez, en historia se transformó.

“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja halla perdón”.

Proverbios 28:13


martes, 19 de mayo de 2015

La Gran Manzana

Cosmopolita,  llena de vida, una ciudad en constante movimiento. Uno de los principales centros mundiales de economía y finanzas y considerada una de las 3 capitales de la moda, New York es una ciudad que atrapa al instante por su belleza física, arquitectónica y natural.

“La gran manzana”, “La ciudad que nunca duerme”, frases tan ilustrativas como significativas, definen a la perfección a este conglomerado humano y edilicio en continuo ajetreo diario.

En contraste con ciudades tan apacibles como mi pequeño Montevideo natal, el movimiento constante en sus calles, da la sensación de que la gran ciudad gira a una velocidad que supera a la del mismo globo en que nos sostenemos.

Así de prisa y así de bella aún, fascina con su altura y rascacielos, sus ríos y el contraste del sosiego de un parque que aparece como un portal a la tranquilidad, altar a la belleza natural y desahogo para aquellos que quieren escapar, aunque más no sea por un instante, de aquel mundo que vive su vida con tanto apremio.





A orillas del Pacífico

Encanto natural y arquitectónico, bañada a orillas del Pacífico se levanta Ciudad de Lima. Con su magia y la calidez de sus habitantes logra fascinar desde el comienzo. Su arquitectura milenaria, sus calles llenas de historia y una gastronomía tan variada como su gente, invita a recorrer cada rincón y descubrir cada uno de sus misterios.

Desde los paisajes más humildes a los barrios más adornados, se recoge la sonrisa amable de quienes hacen su vida en aquella populosa ciudad como de aquellos curiosos que caen bajo el hechizo de una ciudad tan alegre como vivaz.

Su clima subtropical, fresco, desértico y húmedo a la vez, permite el disfrute total de cada paseo. Ideal para quienes acostumbrados a las inclemencias del tiempo encontramos que todos los días son el día perfecto para conocer un nuevo escenario, y más aún para quienes buscamos capturar aquella imagen que logre encerrar todo el encanto de aquella magnífica ciudad.

Al recorrer sus calles no es extraño encontrar la simpatía del locatario deseoso de dar a conocer su singular cultura. Dejarse llevar por aquella amable sencillez y grandeza de espíritu lleva siempre a descubrir lugares, gente y paisajes que de otra forma permanecerían escondidas al apresurado ojo del turista inexperto.